En nuestra vida diaria se nos presentan diferentes situaciones las cuales nos llevan a tomar diversas decisiones, que son consecuencia de nuestras necesidades primarias, de nuestro estilo de vida, de nuestra educación o del medio en el que nos desenvolvemos. Todas estás tienen repercusiones directas e indirectas en nuestra economía.
Analizaremos diferentes situaciones y propondremos algunas alternativas para evitar un efecto desagradable en nuestras finanzas.
Hablemos en primer término, de la educación, y esta será en relación a la que recibimos en casa en referencia al ahorro, la utilización del dinero o a las inversiones.
Es muy frecuente que los adultos digamos, “los niños aun no tienen edad para entender ciertas cosas, ni tienen porqué preocuparse por ello”, y considero que no es correcta esta postura, ya que entre más temprana edad podamos ir dándoles educación financiera, será mucho mejor, ya que se irán formando un criterio en base a los conocimientos que tengan, como por ejemplo de lo que es el ahorro, lo que significa y como puede y debe hacerse, así como de los flujos de efectivo y el efecto que sobre de esto tiene el cumplir algunos antojos o caprichos.
También es común que como padres digamos que la mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es la educación, y es una verdad a medias, porque una cosa es la educación que reciben en las escuelas y otra es la educación financiera que se les da a los hijos, una encuesta sobre cultura financiera (Banamex-UNAM) de este año, indica que el 36% de los consultados, dijo no hacer nada para enseñar a sus hijos sobre el como ahorrar, alrededor del 25% mencionaron que lo hacían mediante el ejemplo que ellos consideraban prudente.
El hacer las cosas por imitación (de los ejemplos) es algo natural en los seres humanos, entonces, de ahí que si nosotros no tenemos una cultura financiera que nos permita manejar nuestro dinero adecuadamente, el ejemplo que verán nuestros hijos, será el de una ineficiente estrategia para ahorrar o invertir sus recursos.
Es importante mencionar lo que nos dice Robert Kiyosaky, en su calidad de inversionista y autor de varios libros especializados en finanzas, “los banqueros no le pedirán su título profesional o su certificado escolar con los promedios de las materias cursadas, le pedirán sus Estados Financieros y revisarán su historial crediticio”, esto nos lleva a reflexionar sobre nuestra tarea como educadores de nuestros hijos en sus diferentes etapas de la vida, demostrándoles y enseñándoles a tener valores, tales como la honestidad, la disciplina, el respeto, para que en base a estos le den el valor debido al dinero, el cual a veces los adultos sobreponemos a nuestra esencia como seres humanos; teniendo esta premisa cubierta, entonces podremos mostrar a los niños los límites que necesitamos establecer para optimizar nuestra disponibilidad de efectivo, y separando una parte de esto para el ahorro, quizá inicialmente a través del uso de una alcancía o de tomar la decisión de comprar algo útil en vez de un dulce o un juguete innecesario.
Otra forma, en el caso de los adolescentes es ofrecer cierta cantidad de dinero por cada tarea realizada, para que comprendan el proceso del recibir el pago por un trabajo hecho y puedan evaluar y comprender la Ley de la oferta y la demanda y asimismo orientarlos a como ahorrar parte de ese dinero ganado, para que puedan comprar lo que ellos deseen y así aprendan a darle el justo al tiempo que se requiere para adquirir lo que se desea, desarrollarán con esto su tolerancia al nivel de frustración y la paciencia necesaria para llegar a los objetivos deseados.
Caso contrario será, si cada que algo quieren se les compra inmediatamente con tal de satisfacer sus deseos o de no quererlos hacer “sufrir”, y creer que hacemos lo correcto al darles “lo que nosotros no tuvimos”, con esto estaríamos enseñándoles a que solo es necesario que pidan las cosas y éstas les serán proporcionadas, sin ningún esfuerzo a cambio, cuando sabemos que en la vida real, no es así.
Otro punto importante es que debemos aceptar que en ocasiones tenemos que modificar nuestro estilo de vida, disfrutando de menos vacaciones en la playa o en algún lugar fuera de nuestra área de residencia, asistiendo al cine con menor frecuencia, comer en casa en lugar de ir a los sitios que nos gustan; ésta situación puede ser consecuencia de tener menor poder adquisitivo por el incremento en los precios (inflación), por haber cambiado de trabajo y tener menores ingresos o bien haber perdido el trabajo, cualquiera de estás situaciones nos llevarán a tener que administrar mejor nuestros recursos o en un extremo disminuirlos, hasta en tanto no retomemos el nivel original.
Como ejemplo de lo anterior, podemos mencionar a una persona que es liquidada en su empleo después de algún tiempo importante de trabajo (15 años) y que tenía un ingreso superior al promedio de la población ($20,000 mensuales), por lo que su finiquito le hace sentirse confiado de poder seguir su estilo de vida , y decide continuar, como ha sido su costumbre, darse algunos “gustos” como puede ser, el comer cada fin de semana en algún restaurante especializado y de ir al cine al menos dos veces al mes, entre otras actividades, solo que no estima el tiempo en el cual volverá a tener ese nivel de ingresos y en consecuencia llega la fecha en que los recursos se ven disminuidos y no obstante, decide solicitar un préstamo para salir adelante y continuar con ese estilo que le agrada, finalmente la consecuencia puede llegar a ser que se acabe el dinero, que los ingresos actuales no sean suficientes para cubrir el pago del préstamo y tengan que llegar inclusive a vender alguna propiedad para liquidar sus deudas. Caso contrario sería, que en el mismo ejemplo, se disminuyeran los gastos y la mayor parte de la liquidación se invirtiera, una parte a corto plazo y otra a largo plazo, buscando las mejores condiciones de liquidez y rendimiento.
Finalmente comentaremos que es esencial la comunicación en todo este proceso, pues sucede que al tratar temas de dinero y tener diferentes puntos de vista, puede llegar a repercutir en la vida familiar, ya sea entre parejas, padres e hijos o bien entre hermanos, razón por la cual debemos planear inclusive como preparar nuestro testamento, pues aunque no lo deseemos, el llegar al final de nuestra vida, es algo que no esta en nuestras y es preciso conocer las opciones que existen, como puede ser un fideicomiso para la educación de nuestros hijos que puede llevarse a efecto estando en vida y cubriendo la posibilidad de que se lleve a cabo, aun sin nuestra existencia.
Estás son algunas de las consideraciones que podemos compartir por ahora, aunque hay muchas decisiones mas que nos pueden llevar a optimizar nuestros recursos o bien nos pueden provocar un costo, disminuyendo nuestros recursos financieros.
Quedo a sus órdenes para cualquier comentario al respecto, un saludo afectuoso.
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