Nuestro cuerpo físico es el lugar donde residen todos los demás niveles (los aspectos espirituales, mentales y emocionales de nuestro ser) en esta vida. Nuestros cuerpos reflejan y expresan nuestro estado de bienestar o la falta del mismo en todos los niveles.

Continuamos con el resúmen del libro “Los cuatro niveles de la sanación” de Shackti Gawain, parte 6

Cómo sanar el nivel físico parte 2

Terminamos el artículo anterior mencionando algunas de las necesidades básicas del cuerpo. Cuando aprendas a sintonizar con tu cuerpo, éste te guiará para que descubras cuándo y cómo satisfacer estas necesidades. Nuestro cuerpo físico es el lugar donde residen todos los demás niveles (los aspectos espirituales, mentales y emocionales de nuestro ser) en esta vida. Nuestros cuerpos reflejan y expresan nuestro estado de bienestar o la falta del mismo en todos los niveles. Un bloqueo o un desequilibrio en el nivel espiritual, mental o emocional acaba por salir a relucir en el cuerpo físico. De modo que el cuerpo no sólo está comunicando constantemente sus propias necesidades, sino que frecuentemente intenta comunicar también las necesidades de los otros tres niveles.

Si tenemos necesidades no satisfechas en cualquiera de los niveles y no somos conscientes de ellas o no les hacemos caso, nuestros cuerpos acaban por intentar dárnoslas a conocer. Por ejemplo, si te estás esforzando a trabajar con tanta intensidad que se están quedando sin cubrir tus necesidades espirituales y emocionales, tu cuerpo puede caer enfermo como modo de forzarte a ir más despacio y a asomarte a tu interior.

Lo que yo creo es que casi todas las enfermedades o accidentes físicos tienen elementos espirituales, mentales o emocionales, pues éstas suelen ser las que más se reprimen. La sanación física se puede fomentar y acelerar ocupándose de los otros niveles además del físico. De modo que una enfermedad, un malestar o un accidente es una indicación de que debemos observarnos cuidadosamente a nosotros mismos y observar nuestras vidas, y de que debemos estar dispuestos a hacer cambios cuando sean necesarios en cualquiera de los niveles o en todos ellos.

En general el mensaje suele decir que debemos observar un poco mejor nuestras necesidades y nuestros sentimientos, que debemos cuidarnos mejor o que debemos ser más sinceros con nosotros mismos en algún sentido. Puede tratarse del síntoma de algún conflicto interior que tengamos que tratar de una manera más directa.

Es frecuente que el cuerpo hable de una forma maravillosamente clara y metafórica. Es el caso, por ejemplo, de la mujer a la que le duele la espalda porque carga demasiadas responsabilidades, o del hombre que sufre un ataque al corazón porque está esforzándose tanto que pasa por alto las necesidades de su propio corazón. No siempre puede ser fácil comprender lo que intenta decirnos nuestro cuerpo. Hace falta tiempo para cultivar la capacidad de escuchar y observar, y pueden resultar útiles la contemplación callada, escribir un diario o la psicoterapia.

No te preocupes si no comprendes con la mente lo que intenta comunicarte tu cuerpo. Si te mantienes abierto, es posible que recibas el mensaje a un nivel diferente. ¡No aceptes nunca la interpretación que haga otra persona del significado de una enfermedad a no ser que a ti te dé la sensación de ser cierta!

Guárdate de caer en una trampa en la que sucumben muchas personas en círculos de la Nueva Era, que consiste en sentirte culpable o en culparte a ti mismo por padecer una enfermedad. El razonamiento es el siguiente: “Si hubiera realizado a fondo mi trabajo interior, no me habría provocado esta enfermedad; por lo tanto, debo ser una persona inconsciente y un fracasado”.

Algunos maestros y sanadores contribuyen a ello asegurando a las personas que si albergan los pensamientos adecuados, si pronuncian las afirmaciones correctas, si siguen el régimen alimenticio adecuado, o lo que sea, deberán gozar de una salud perfecta. En realidad no es tan sencillo.

Es posible hacer un régimen alimenticio puro, meditar todos los días, hacer ejercicio con regularidad, expresar los propios sentimientos con frecuencia, hacer uso de las afirmaciones y de las visualizaciones, ¡y caer enfermo! El viaje de la vida el complejo, y suele ser misterioso. Nunca podemos saber con exactitud por qué sucede algo. Debemos recordar que nuestra alma hace uso de todos los caminos que tiene abiertos para educarnos y para iluminarnos.

La enfermedad no es necesariamente un acontecimiento negativo, aunque pueda parecérnoslo. Como todo lo demás que nos sucede, es una oportunidad para aprender, para desarrollarnos y para hacer más profunda nuestra experiencia y nuestra sabiduría. Aunque puede resultar difícil aceptarlo, cualquier enfermedad puede ser considerada como un don, como una oportunidad para contemplarnos a nosotros mismos y contemplar nuestras vidas y para aprender algo.

Presenta una posibilidad de cambio real. Una enfermedad puede cumplir una función vitalmente importante para nosotros. Muchas personas que se fuerzan mucho no aprenden a tomarse las cosas con más calma hasta que una enfermedad les obliga a ello. Esa enfermedad puede salvarles la vida o mejorar enormemente la calidad de su vida.

Una amiga mía lleva un par de años esforzándose por cambiar su estilo de vida, por encontrar más tiempo libre para cuidad de sus propias necesidades, en lugar de centrarse en las necesidades de otras personas. Este año tuvo una dura revelación cuando contrajo una pulmonía. Esta enfermedad la obligó a interrumpir todas sus actividades y a respetarse a sí misma de una manera sustentadora que ella siempre había necesitado. Ahora trabaja por integrar el descanso y la auto sustentación en una vida menos ajetreada.

La manera más constructiva y eficaz de entender una enfermedad es reconocer que la tienes y que no eres “culpable” de tenerla, sino que deseas hacer uso de esa vivencia para profundizar y para dilatar tu conciencia. Naturalmente, cuando padecemos una enfermedad no solemos tener la sensación de tratarse de una oportunidad de cambio y de desarrollo. Lo más probable es que nos dé sensación de dolor, de miedo, de confusión, de desánimo. Una parte del proceso de sanación consiste en permitirnos a nosotros mismos vivir estos sentimientos. Puede resultar útil poner una especia de marco alrededor de la vivencia, un marco en el que diga algo parecido e esto: “Aunque esto me produce una sensación terrible y no lo entiendo, sé que aquí existe un don de aprendizaje y de sanación para mí. Estoy abierto para recibirlo y para comprenderlo en el momento adecuado.” Esto potencia a nuestra orientación interior para mostrarnos lo que necesitamos aprender de la vivencia.

No supongas que toda enfermedad debe sanarse y que si no has conseguido sanarla tú mismo has fracasado. Algunas enfermedades se quedan con nosotros en calidad de maestras y de recordatorios. Por ejemplo, un amigo mío tiene arritmias siempre que hace un esfuerzo excesivo o siempre que asume responsabilidades en nombre de los demás. Esta circunstancia de salud le ha obligado a volverse extremadamente consciente de sus propias necesidades y a cuidar debidamente de sí mismo.

Las enfermedades que ponen en peligro la vida
Evidentemente, con una enfermedad o un accidente que pone en peligro la vida, el proceso de desarrollo se intensifica enormemente. Muchas personas descubren que una enfermedad crítica las lleva a plantearse cuestiones importantes y adquieren a raíz de ello una conciencia que cambia sus vidas. Algunas enfermedades acontecen para ayudar a una persona a salvar la transición hasta otro plano de la existencia. También debemos cuidarnos de juzgarnos a nosotros mismos o a los demás por padecer una enfermedad grave o por cualquiera de sus consecuencias.

Es importante descubrir lo que da resultado para nosotros, ya sea para mantener nuestra salud, para tratar los problemas cuando surjan o para recuperar la fuerza y la salud después de los tratamientos radicales, tales como las operaciones quirúrgicas. Con frecuencia, el tratamiento más eficaz es aquel en que confiamos y que creemos que puede ayudarnos. Según mi experiencia, cuanto más agudo sea el problema, más probable es que resulte aplicable la medicina occidental, pues ésta es la que suele emplear los métodos más fuertes y más rápidos para tratar los síntomas inmediatos a la alteración de la función física normal. Para otros problemas o para los cuidados regulares, pueden ser más eficaces los métodos a los que suele llamarse alternativos. En muchos casos, la habilidad, la sabiduría y la sensibilidad del profesional de la medicina pueden ser un factor más importante que el método que aplique.

Procura no dejar todo el poder y toda la autoridad en manos de ningún médico o de ningún profesional de la medicina. Algunas veces tenemos que confiar en su experiencia y tenemos que seguir sus consejos, pero, si es posible, también tenemos que equilibrar nuestra confianza en los demás con la conciencia de nosotros mismos. No debemos ver a los profesionales que nos ayudan como autoridades inapelables, sino como unos guías que nos ayudan a recorrer nuestro propio camino hacia la sanación. Explora, descubre y aprende cuanto puedas sobre las alternativas que tienes a tu alcance, y a continuación confía en que tu orientación interior te muestre lo que es mejor para ti. Solicita consejo de profesionales adecuados y escucha bien lo que tengan que decirte. Escucha las opiniones de tus amigos y de tus seres queridos. Después escucha profundamente a tu propio sentido de la verdad y toma tus propias decisiones sobre cuáles son las mejores medidas que debes tomar.

Después de haber hecho lo que debes hacer para asegurarte de que tu cuerpo está recibiendo los cuidados que precisa, dirige tu atención sobre los demás niveles de tu ser. Descubre cuáles son tus necesidades emocionales, mentales y espirituales. A continuación da los pasos necesarios para cubrir estas necesidades. Recuerda que nuestros cuerpos saben comunicarse maravillosamente: nos dan a conocer sus necesidades. Cultiva el arte y la práctica de sentir, de percibir y de escuchar lo que está diciendo tu cuerpo.

Hasta aquí llegamos en este capítulo. Como podrán haber apreciado a lo largo de todas estas lecturas, es muy importante atender nuestras propias necesidades para estar bien con nosotros mismos y para relacionarnos mejor con los demás. No podemos pretender ayudar a otros antes de sentirnos bien con nosotros mismos. En el siguiente capítulo veremos el cierre de este tema que nos presentó Shakti Gawain en su libro “Los cuatros niveles de la sanación” en donde se integra todo. Así que si deseas continuar con el cierre de este tema o leer el anterior, haz clic en la liga que corresponda:

Sanación 5

Sanación 7

 

Espero que te sirva y también que lo apliques en tu vida, y…
¡Organízate para vivir mejor!
Maca

 

Maca Hernandez
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